Biografía de Clara Campoamor

Política española (Madrid, 12 de febrero de 1888 – Lausana, Suiza, 30 de abril de 1972). Su verdadero nombre es Carmen Eulalia Campoamor Rodríguez.

Clara Campoamor fue una política española, feminista pionera, impulsora de la militancia del derecho al sufragio femenino y acérrima defensora de la igualdad de derechos de las mujeres, siendo considerada una de las madres del movimiento feminista en España.

Nació en el seno de una familia humilde del barrio madrileño de las maravillas, su padre, Manuel Campoamor Martínez, nacido en Santoña (Cantabria), era contador en un diario local; mientras que su madre, Pilar Rodríguez Martínez, era modista. La pareja tuvo tres hijos, de los cuales solo vivían dos, Clara e Ignacio. Manuel Campoamor murió cuando Clara aún era una niña. Tras la muerte de su padre Clare tuvo que dejar la escuela para ayudar a las finanzas familiares, pero nunca abandonó sus estudios y a los 21 años consiguió unas oposiciones al cuerpo de correos y telégrafos. Primero fue destinada a Zaragoza y luego a San Sebastián.

En 1914 se trasladó a Madrid y consiguió el número uno de las oposiciones de magisterio en el Ministerio de Instrucción Pública. Sin embargo, como no tenía licenciatura, solo le permitía enseñar taquigrafía y mecanografía. A partir de ese momento, se propuso retomar sus estudios, momento en el que comenzó a trabajar como mecanógrafa en el Ministerio y como secretaria del director del diario «La Tribuna», Cánovas Cervantes. El trabajo de Clara en la revista le permitió conocer a personas importantes del mundo de la política y comenzar a interesarse por esta actividad.

En 1920, a los 32 años, se matriculó como estudiante en el bachillerato y, en 1922, como estudiante en la Facultad de Derecho. Allí fundó la Asociación de Mujeres Universitarias de carácter socialista. Al año siguiente dio su primera conferencia pública en la que expuso sus ideas sobre el feminismo.

En 1924, a los 36 años, se convirtió en una de las pocas españolas licenciadas en derecho que ejercía su profesión y al año siguiente ingresó en la Facultad de Derecho. Políticamente afín al PSOE, pero sin partido militar, en esta época escribió el libro de María Cambrils Feminismo socialista, que la autora dedicó a Pablo Iglesias. El malestar político de Clara la llevó a fundar la Agrupación Socialista Liberal, mantener una intensa labor como profesora en la Asociación de Mujeres Universitarias y en la Academia de Jurisprudencia, en defensa de la igualdad de derechos de la mujer y la libertad política.

Fuerte defensora de sus principios republicanos se negó en todo momento a cooperar con el régimen de Primo de Rivera. La dictadura primoriverista propuso a Clara Campoamor, junto a Victoria Kent y Matilde Huici, la membresía elitista de la Junta Directiva del Ateneo; pero Clara lo rechazó. También rechazó la cruz de Alfonso XII, que le fue otorgada la Academia de Jurisprudencia.

En 1925 colaboró ​​con Manuel Azaña en la creación de acción Partido Republicano de cuyo Consejo Nacional pasó a formar parte. A partir de este momento la esperanza de crear un gran Partido Republicano de Centro que será tanto Azaña como Lerroux lo albergaba, nunca logró este objetivo.

Clara Campoamor estaba convencida desde antes incluso del establecimiento de la República. Así, en 1930, un periodista le preguntó por sus ideales políticos y él respondió: «República, siempre, forma de Gobierno más acorde con la evolución natural de los pueblos».

Clara saltó al escenario público para asumir la defensa de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, dos de los protagonistas de la sublevación de Jaca (que también involucra a su hermano Ignacio). La ejecución de los capitanes Galán y García provocó el despertar de un fuerte sentimiento republicano que rápidamente se extendió por todo el país, los capitanes se convirtieron en símbolo del desgobierno monárquico. La situación llegó a tal punto que las elecciones municipales previstas para abril de este año terminaron convirtiéndose en un referéndum sobre la monarquía o República. Los partidos republicanos y socialistas hicieron frente común contra los realistas y derechistas. Finalmente, las elecciones de abril de 1931 supusieron la proclamación de la Segunda República Española, tras el triunfo de los partidos Republicano y Socialista en las principales ciudades del país.

Con el triunfo de la República, los capitanes Galán y García se convirtieron en héroes y su abogada, Clara Campoamor, en un personaje significativamente público. En las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931, en las que se podía elegir mujeres pero no votar, Clara ganó un escaño por el Partido Radical y se convirtió en una de las pocas mujeres en el Parlamento, junto a Margarita Nelken y Victoria Kent. Formó parte de la Comisión Constitucional y desde allí trabajó para lograr el sufragio universal, acabar con la discriminación contra la mujer, la igualdad jurídica de los hijos mantenidos dentro y fuera del matrimonio y el divorcio. La batalla más dura que tuvo que dar fue el voto. Los grupos más conservadores se negaron a admitir mujeres votantes y también a muchos de los partidos de izquierda, argumentando que las mujeres estaban mucho más influenciadas por la Iglesia Católica y, por lo tanto, su voto sería profundamente conservador.

En estas condiciones Clara Campoamor se enfrentó no solo a una mayoría de miembros sino también a otras dificultades. El caso más significativo fue el de Victoria Kent, acérrima defensora de los derechos de las mujeres pero que mantuvo la necesidad de impedir el voto de las mujeres a las mujeres para lograr una mayor independencia en la sociedad; Kent creía que la fuerte influencia que la Iglesia Católica ejercía sobre las mujeres haría que su voto fuera contrario a la República. Tras una densa discusión, Clara supo imponer su tesis y se ganó el apoyo de parte de la derecha, los socialistas y algunos republicanos. Después de la votación Indalecio Prieto dejó la cámara asegurando que «es una puñalada para la República».

La brillante oratoria de Clara, y el peso de sus argumentos, lograron lo que parecía imposible, la adopción del sufragio universal.

En la Constitución de 1931, las mujeres votantes se recogieron así: y las mujeres, mayores de 23 años, los ciudadanos tendrán los mismos derechos de voto que determinan las leyes.

La extensión del sufragio a la mujer supuso el mayor éxito político de Clara Campoamor y al mismo tiempo supuso su desaparición política. Para lograr eso Clara se había enfrentado a casi todos, incluidos los líderes de su propio partido, por lo que cuando en 1933 la CEDA ganó las elecciones y Lerroux asumió la presidencia muchos culparon de su derrota dando el voto a las mujeres. En 1933 perdió su escaño en el Parlamento al año siguiente abandonó el Partido Radical por la subordinación de esta CEDA y protesta por los excesos gubernamentales durante la revolución de Asturias. Ese mismo año intentó ingresar a la izquierda republicana pero fue rechazado. En ese momento los partidos de izquierda culparon del triunfo de la CEDA y ninguno quiso tenerlo en sus filas.

En ese momento, fue nombrado presidente de la Organización Pro-Infancia Obrera, para atender a los niños asturianos afectados tras la revolución de octubre de 1934.

Cuando en 1936, el Frente Popular ganó las elecciones generales con sufragio universal, con mayor apoyo del que había obtenido anteriormente la CEDA, nadie se acuerda de Clara Campoamor ni se pide disculpas por haber culpado de la derrota anterior y haberla marginado políticamente. A raíz de esto, en vísperas de la Guerra Civil, publicó El voto de las mujeres y yo. Mi pecado mortal, obra que reflejaba la situación que había sufrido y la lucha por lograr la igualdad de derechos para las mujeres.

Otros cargos de responsabilidad, como el Vicepresidente de la Comisión de Trabajo o la Dirección General de Caridad trabajó dentro de la República. También participó en el Comité que preparó la reforma del Código Civil y estuvo presente en la delegación española ante la Sociedad de Naciones.

Al estallar la Guerra Civil, Clara Campoamor, que se encontraba en Madrid, huyó a Francia por temor a ser asesinada. En 1937, afincada en París, publicó en francés la obra La revolución española de un republicano, obra que nunca se editó en España. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvo que salir de París y durante una década se trasladó a Buenos Aires donde trabajó como traductora, conferenciante y escritora (de este período son las biografías de Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz y Quevedo).

En la década de 1950 intentó regresar a España, pero la pertenencia a la logia masónica se lo impidió. Clara Campoamor se negó a dar cuentas de su pertenencia a la masonería y eligió el exilio para traicionar sus principios. En 1955 se instaló en Lausana (Suiza) donde comenzó a trabajar en un despacho de abogados. No funcionó hasta años después, cuando perdió la vista. En abril de 1972, murió en Lausana, víctima de un cáncer. Su último deseo fue que sus restos fueran incinerados en San Sebastián, el lugar donde se encontraba cuando se estableció la República.

Clara Campoamor es considerada una de las precursoras y principales voces del feminismo español. Su actividad literaria se desarrolló en los periódicos de la época: La Tribuna, Nuevo Herald, El Sol y El Tiempo. Además de las obras antes mencionadas, de su producción destacan ensayos como: Los derechos de la mujer en España (1936) o La situación jurídica de la mujer española (1938).

Desde el regreso de la democracia en España Clara Campoamor, así como muchas otras figuras de la República, han sido objeto de diversos homenajes públicos. Establecimientos educativos, espacios culturales, calles y avenidas de diferentes municipios españoles han recibido su nombre. En 1994 el Ministerio de Igualdad del PSOE en Sevilla, con motivo del día internacional de la mujer (8 de marzo), creó el Premio Clara Campoamor, para distinguir entre «aquellas personas o instituciones que desarrollen una destacada labor en defensa de la igualdad y los derechos de las mujeres».

En 2006, con motivo del 75 aniversario de la aprobación del sufragio femenino en España, organizó diversos actos de homenaje y solicitó formalmente la colocación de un busto de Clara Campoamor en las instalaciones de la Cámara de Diputados en reconocimiento a su labor.

Autor entrada: Diego Torres

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