Biografía de Epicuro

Filósofo griego (Samos, 341 a. C. – Atenas. 270 a. C.).

Diógenes Laercio afirmó que Epicuro había nacido en Atenas. Sin embargo, otra tradición apuntaba a Samos como patria de este pensador griego. Precisamente en la isla de Samos pasó su infancia, pues allí ejercía como maestro de escuela su padre, Neocles.

El joven Epicuro fue discípulo de Pánfilo (en Samos) y de Xenócrates (ya en Atenas, año 323). Comenzó a impartir sus enseñanzas en Mitilene, Lámpsaco y Atenas, ciudad donde, a petición de sus alumnos, inauguró una escuela en un jardín.

Como teórico del método científico, Epicuro prescribió como regla básica de toda investigación que las palabras debían corresponder siempre a una noción exacta. Su particular epistemología partió de la impresión que los objetos exteriores causan en la sensibilidad humana: la huella de tales objetos en los sentidos, decía Epicuro, son simulacros o imágenes que imitan la forma de los cuerpos.

Epicuro reformó la doctrina atomista: si para Demócrito, su creador, los cuerpos se componen de unidades ínfimas e indivisibles cuyas evoluciones están sometidas a leyes mecanicistas rigurosas. Epicuro introduce el concepto de clinamen, o principio de indeterminación, que proveía a los átomos de movimientos y cambios espontáneos.

La filosofía de Epicuro concibe la naturaleza como eterna y ajena a cualquier intervención de los dioses; átomos simples componían un alma material y finita tras la muerte.

Ante esta finitud, la moral epicúrea justificaba la satisfacción de las necesidades materiales del ser humano y la búsqueda del placer y la felicidad; sin embargo, esta felicidad debía ser de naturaleza racional, y Epicuro llegó a describirla como ausencia de dolor, como ataraxia, paz del espíritu identificada con el equilibrio de las pasiones y que solamente los dioses (por estar alejados de los asuntos humanos) gozaban plenamente. La mejor vía para alcanzar este solaz del espíritu era el ejercicio de la prudencia, que discernía entre los placeres positivos y perniciosos. Epicuro advirtió sobre la naturaleza falaz de algunas pasiones que, tras efímeros gozos, deparaban inquietud, ansiedad y dolor al espíritu (entre éstas se contaban la gula y la sensualidad exacerbada).

La finalidad de la filosofía epicúrea consistió en resaltar las cualidades racionales de un hombre liberado de lealtades ultramundanas, capaz de exteriorizar sus potencialidades en una vida feliz, pacífica e intelectualmente provechosa.

Epicuro murió a causa de un cálculo renal, dejando un gran legado filosófico para la posteridad que continúa vigente hasta nuestros días. Los cronistas antiguos atribuyen a Epicuro gran número de escritos filosóficos, de los cuales tan solo se conservan las tres cartas que escribió a Herodoto, Pitocles y Meneceo y ochenta aforismos descubiertos en 1822 en los fondos de la Biblioteca vaticana.

Autor entrada: Diego Torres

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