Biografía de Eugène Delacroix

Pintor romántico francés (Saint-Maurice, 26 de abril de 1798 – París, 13 de agosto de 1863). Su nombre completo es Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix.

Perteneciente a una familia acomodada, quedó huérfano de padre en 1805 y de madre en 1814. En 1816 ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde trabó amistad con el pintor Géricault, cuya prematura muerte convirtió a Delacroix en el máximo representante de la escuela romántica, antagónica a la escuela clasicista de Ingres. Su influencia en los pintores de su generación fue decisiva.

La matanza de Quíos, expuesto en el Salón de París en 1824, fue su primer trabajo, que influyó en los artistas contemporáneos, aunque con anterioridad, en 1822, ya había expuesto Barca de Dante.

Después de una estancia en Londres a partir de 1825, y antes de un viaje decisivo por el Mediterráneo en 1832, emergió su período típicamente romanticista, lo que le alejó definitivamente de la estética de la Escuela Nacional. En esta época pintó y expuso en el Salón de París su célebre Muerte de Sardanápalo (1828), claramente influido por su admirado Rubens, y su no menos conocida La Libertad guiando al pueblo (1831).

Tras el regreso de su viaje por el Mediterráneo, su temática varió considerablemente. Trató temas árabes, cuyo máximo exponente es Las mujeres de Argel (1834), y clásicos, entre los que destaca Medea furiosa (1838). La combinación de ambas temáticas se concreto en La toma de Constantinopla por los cruzados (1840). En la misma época pintó al óleo el Salón del Rey y la Biblioteca del Palais-Bourbon (1838-1847), el Salón de la Paz del Ayuntamiento de París (1851-1853) y la capilla de Saints-Anges de la iglesia Saint-Sulpice (1850-1861).

A partir de 1842 mantuvo una intensa relación con el músico Chopin. Hacia el final de su vida la crítica se ensañó con él, pero siempre tuvo en el poeta Baudelaire un ferviente defensor. A esta época pertenecen La subida al Calvario (1859) y Ovidio con los escitas (1862).

Como litógrafo, ilustró en diecisiete planchas una edición francesa del Fausto de Goethe, admirador de la obra de Delacroix. Sus diarios y su correspondencia, documentos de gran interés sociológico, sitúan a Delacroix como artista puramente romántico educado en pleno materialismo burgués y en defensa del espíritu del artista frente a los cánones artísticos clásicos.

En sus obras se muestra preocupado por la temática romántica del destino, la grandilocuencia de los acontecimientos y el paroxismo de la acción y de las multitudes. Su visión del espacio es expansiva, y la del color, intensiva. Sin embargo, lo específico de él subyace en la síntesis de su romanticismo con un clasicismo no menos latente, el cual se vio acrecentado a raíz de su viaje por el Mediterráneo.

Como artista romántico, su exaltación temática no le impide una inquietud por el rigor y por la forma racional, por la nobleza de sus personajes. Todo ello dio a veces como resultado una armonía expresiva y un sentido compositivo estático que sirvió de estímulo al ulterior movimiento impresionista.

Autor entrada: Diego Torres

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