Biografía de Jaume Balmes

Filósofo liberal español (Vic, 1810 – 1848).

A los doce años ingresó en el seminario de su ciudad y fue ordenado sacerdote en 1834. Acabó sus estudios en la Universidad de Cervera, donde se doctoró en teología un año más tarde.

Entre 1836 y 1840 dio clases de matemáticas en Vic y pasó apuros económicos por el deseo de ayudar a su familia. En 1840 se trasladó a Barcelona y publicó su primer escrito político, el opúsculo «Consideraciones políticas sobre la situación en España», y colaboró en La Religión y La Civilización. Consideraba igualmente pernicioso para Cataluña el separatismo como la vinculación con cualquiera de los partidos políticos del momento. Con anterioridad había publicado «Reflexiones sobre el celibato» (1839) en la prensa madrileña y «Observaciones sobre los bienes del clero» (Vic-Barcelona, 1840), artículos con los que obtuvo un gran éxito.

Aunque no aparecía ligado al movimiento de la Renaixença, algunos de sus primeros escritos, como «Conversa d’un pagès a la muntanya sobre lo Papa» (1842), demuestra su fidelidad al catalán como lengua íntima.

En 1842 entró en contacto en París y Londres con las nuevas ideas liberales. Representaba una escuela apologética catalana de influencia francesa fundada por sus colaboradores en La civilización. Para responder a las tesis de François Guizot, escribió «El protestantismo comparada con el catolicismo». A su vuelta en 1843, dirigió La Sociedad, que convirtió en un auténtico curso de teoría política defensor del proteccionismo, el cooperativismo y la descentralización. Este mismo año escribió El criterio, un repaso a su itinerario filosófico autodidáctico. En estos años ya se había forjado un ideal social que abogaba por la mayor inteligencia, moralidad y bienestar posibles.

En 1844 dirigió en Madrid El pensamiento de la nación, desde donde pretendía influir en la política española, defendiendo, como paso previo a la pacificación del país, el matrimonio de Isabel II con el conde de Montemolín (Carlos VI).

De nuevo en Francia, mantuvo contactos con destacados pensadores del ala liberal del catolicismo francés (Ozanán, Lacordaire, etc.). En 1846, cuando residía en Madrid, se imprimieron en Barcelona las Cartas a un escéptico en materia de religión. Su vocación teórica y didáctica le llevó a redactar la Filosofía fundamental (1846), donde trataba cuestiones de gnoseología, metafísica y psicología, y al año siguiente una versión simplificada para uso escolar, la Filosofía elemental.

Dio a conocer el idealismo y el criticismo alemán, aun sin adaptarlos, y renovó la filosofía escolástica del siglo XVIII. A fines de 1847 editó el estudio Pío IX, que le valió la oposición de los sectores más integristas del catolicismo español. La tuberculosis lo llevó a regresar a Vic, donde murió.

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