Rafael

Pintor italiano (Urbino, 1483 – Roma, 1520). Su nombre verdadero era Rafaello Sanzio.

Artista precoz, recibió su primera formación en la corte de Urbino. Entre 1500 y 1504, su formación estuvo a cargo de su padre, pintor de la corte de Rubine, y del Perugino, en la corte de Perugia. Entre 1504 y 1508 pasó un período de transición que se ha llamado florentino. Y entre 1508 y 1520 se encontró de lleno en el período romano, en el que realizó sus mejores composiciones.

Las obras pertenecientes al primer período, entre las cuales destaca Los desposorios de la Virgen, reflejan el estilo de su maestro Perugino, aunque matizado por su sensibilidad. Durante el período florentino se revelaron sus ansias de aprender y se sumergió en la copia y asimilación de artistas como Leonardo da Vinci, como se advierte en el lienzo La bella jardinera, de quien aprendió la preocupación por el estudio científico del cuerpo humano. De este período destacan la serie de pequeñas madonnas, como la Gran duca, aunque también pintó algún retablo -como el Entierro, obra en la que las inquietas figuras revelan la influencia de Miguen Ángel- y El sueño del caballero.

Su plena madurez artística se reveló poco después de su llegada a Roma en el año 1508. En aquella época el centro artístico italiano se estaba desplazando de Florencia a Roma, donde una serie de Papas empleaban su riqueza y poderío en devolver a la ciudad el esplendor de otras épocas, y con este fin eran llamados a Roma los mejores artistas de Italia.

Cuando Rafael llegó a Roma, el Papa Julio II estaba restaurando para su uso privado algunas salas del Vaticano, al mismo tiempo que planeaba con Miguel Ángel la decoración del techo de la Capilla Sixtina. A Rafael le fue encomendada la decoración de las salas privadas del Papa, y se reveló como un gran organizador de las figuras del mural, aunque directamente sólo pintó algunas de ellas, dejando el resto diseñado para sus colaboradores.

Entre 1515 y 1516, Rafael diseñó diez tapices para el Vaticano, y realizó algunos frescos para la Villa Farnese y las logias del Vaticano. Pintó, además, algunos magníficos retratos de Julio II, León X, Castiglione y la Mujer embozada. A este período pertenecen también sus mejores retablos, que alcanzan su culminación en la Madonna Sixtina, pintada para los monjes de San Sixto.

Aunque fundamentalmente fue pintor, Rafael, como muchos artistas renacentistas, cultivó varios géneros y entre ellos la arquitectura: suyos son los planos de la iglesia de San Pedro del Vaticano, obra que terminó Bramante. También fue nombrado conservador de antigüedades romanas.

Su genio quedó cortado de repente por la peste. Dejó inacabado el lienzo La Transfiguración, obra que representa la consolidación de una nueva tendencia, el manierismo, y que determinó el giro insospechado en la dirección del arte de su época y posterior.

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