Biografía de Tiberio Claudio Nerón

Emperador romano (Antium, actual Anzio, 15 de diciembre de 37 d.C. – Roma, 9 de junio de 68 d.C.). Su verdadero nombre era Lucio Domicio Nerón Claudio.

Fue hijo de Agripina la Joven (descendiente del emperador Augusto) y del patricio Cneo Domicio Ahenobarbo. Fallecido el padre (40 d.C.), madre e hijo fueron desterrados por el emperador Calígula y no regresaron a Roma hasta ser llamados por el nuevo césar.

Claudio, que casó con Agripina en el año 49 y adoptó a Nerón (año 50) como hijo y sucesor en el trono imperial, confiando su educación al filósofo Séneca. Las intrigas de Agripina favorecieron la caída en desgracia de Británico, hijo de Claudio, y la de sus partidarios en la corte de Roma, progresivamente sustituidos por fieles a Nerón: fue el caso de Burro, nombrado prefecto del Pretorio en el año 51.

La candidatura imperial de Nerón se vio reforzada tras su matrimonio con Octavia, hija del emperador (año 53).

Claudio murió al año siguiente, tal vez envenenado por Agripina; Nerón, que contaba con la fidelidad de la guardia pretoriana, obtuvo fácilmente del Senado su designación imperial.

Durante los primeros tiempos de su reinado, Nerón se beneficio de los consejos de Séneca y Burro, que le recomendaron la restitución al Senado de los mismos poderes legislativos que había disfrutado en tiempos de Augusto. El nuevo emperador asumió la jefatura del ejército y garantizó la seguridad de las fronteras exteriores.

El despecho de Agripina, que se veía alejada de las decisiones políticas, inclinó su favor hacia el partido de Británico; ante la traición de su madre, Nerón hizo matar a Británico (año 55) y a la propia Agripina (año 59). Después repudió a su primera esposa (primero la expulsó de Roma, luego dispuso su asesinato) para casarse con Popea. Fue el comienzo de una larga etapa de despotismo y crueldades en la que Nerón despojó de sus poderes al Senado para concentrar en su persona toda la autoridad imperial; para hacer prevalecer su voluntad tiránica contó con la ayuda de Tigelino, el prefecto de la guardia pretoriana.

Algunas versiones acusan a Nerón de haber provocado el incendio que destruyó parte de Roma en el año 64; lo cierto es que el emperador culpó a los cristianos de su autoría, seguramente para descargar sobre ellos el rencor popular acumulado por sus atrocidades, y decretó una persecución contra ellos.

Pese a los desajustes de su política interior, durante su reinado se cosecharon éxitos externos: Domicio Corbullo restableció el protectorado romano en Armenia, Suetonio Paulino reprimió la insurrección britana y Vespasiano la revuelta de los judíos.

Como sus obras megalómanas habían arruinado la hacienda pública, Nerón dictó una ley para expropiar las fortunas privadas. La conjura del senador Pisón fue descubierta en el año 65 y sus cómplices ejecutados.

Sin embargo, estalló la rebelión generalizada de las legiones imperiales (68), acaudillada por Vindex y Galba. Nerón, traicionado por Ninfidio, prefecto del Pretorio, huyó de Roma y se hizo matar por un liberto.

Autor entrada: Diego Torres

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.