Caballero, Fernán

Escritora prerealista española (Morges, Suiza, 1796 – Sevilla, 1877). Su verdadero nombre es Cecilia Böhl de Faber.

Hija del hispanista y comerciante alemán Johan Nikolaus Böhl von Faber, residente en España, y Francisca Larrea. El padre es considerado uno de los introductores del romanticismo, y la madre escribía cuadros costumbristas. Entre 1805 y 1813 la niña vivió en Suiza y en un pensionado francés de Alemania. Con apenas veinte años sus padres la casaron en Cádiz (donde el padre ejercía de gerente de la compañía vinícola Duff Gordon) con el capitán Antonio Planells, un militar ibicenco que se la llevó a Puerto Rico, donde murió en 1817. Casóse de nuevo con Francisco Ruiz, marqués de Arco Hermoso, en 1822. Hasta 1835, en que enviudó de nuevo, transcurrieron los años más felices de su vida: comenzó a escribir, en francés y alemán, por mero pasatiempo; viajó varias veces a París; conoció al escritor estadounidense Washington Irving, que visitó España entre 1826 y 1829 y la alentó con su amistad en sus inquietudes románticas.

Su primera novela extensa fue La familia de Albareda, escrita antes de 1824, originalmente en alemán. Se casó por tercera vez en 1837, con Antonio Arrom de Ayala, enfermo de tuberculosis y dieciocho años más joven, y cuya escasez de medios económicos determinó la publicación de la obra de Cecilia. El marido, entusiasmado por los escritos de su esposa, dio a conocer el manuscrito en francés de La gaviota, que en 1849 vio la luz por entregas en El Heraldo de Madrid, bajo el seudónimo de Fernán Caballero. A raíz del éxito obtenido y empujada por la necesidad económica, en los años siguientes Fernán Caballero fue publicando todos sus escritos: Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852), Clemencia (1852) – que esconde como George Percy a Federico Cuthbert, el gran amor de su vida, a quien conoció en París -, Lágrimas (1850), La familia de Albareda (1859), Un servilón y un liberalito (1857) y Un verano en Bornos (1858).

En 1859, el marido se suicidó en Blenheim, Inglaterra, desesperado por la pérdida de la fortuna conseguida en Australia, adonde seis años antes había llegado como representante consular en Sidney. Entregada a sus devociones religiosas y a la caridad. Cecilia siguió escribiendo: Solo en la otra vida (1861), El Alcázar de Sevilla (1862) y La corruptora (1868).

Murió en 1877 en el Alcázar de Sevilla, donde, por una concesión real, pasó sus últimos veinte años. Su obra, en especial La gaviota, se considera una pieza fundamental en el camino de la novela romántica hacia el realismo.

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