Cabet, Étienne

Político socialista utópico francés (Dijon, 1788 – St. Louis, 1856).

Doctor en derecho, se afilió al movimiento carbonario y participó en la Revolución de 1830. Aceptó la monarquía del Rey Luis Felipe y se le otorgó el cargo de procurador general de Córcega. En 1831, como diputado de la Côte-d’Or, defendió tesis democráticas muy entroncadas con el comunismo de Tomás Moro.

En 1834 fundó el periódico Le populaire (El popular), en el que difundió sus ideas socialistas. Condenado por algunos artículos publicados en aquél rotativo, se vio obligado a refugiarse en Gran Bretaña, donde recibió la influencia del socialismo utópico de Owen.

En su obra más relevante, Viaje a Icaria (1840), desarrolló su doctrina de la colectivización de los medios de producción, cuyo seguidores se llamaron icarios. Escribió también el Verdadero cristiano, donde presentó un cuadro optimista de la sociedad ideal e igualitaria.

En 1840 viajó a E.E.U.U., y en Texas, primero, y en Illinois, después, organizó varias colonias de icarios que pretendían ser modelos de organización socialista. Sin embargo, su deseo de que fructificara la idea de una sociedad igualitaria que, mediante la colectivización de los medios de producción, llegara a una sociedad sin clases fue un rotundo fracaso. Cabet no se resignó a aceptar la idea de que cuando el pueblo alcanza el poder se produce la misma estratificación social.

Al morir su hijo en 1856, tan sólo le quedaban 180 seguidores en el estado de Ohio. Las colonias icarianas establecidas en Cheltenham, cerca de St. Louis, en Corining, Ohio, y en Cloverdale, California, se fueron disolviendo entre 1884 y 1895 a medida que fracasaban o se quedaban sin seguidores. En España, Narcís Monturiol fue el difusor de las tesis de Cabet y editó en Barcelona el primer periódico de influencia cabetiana, La fraternidad, logrando que la doctrina cabetiana se extendiera rápidamente por el país. En la última expedición de Cabet a E.E.U.U., participó uno de los miembros de la comunidad de Barcelona, Joan Rovira.

Cabet, decepcionado y desesperado por la inoperatividad de sus ideas, se suicidó.

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