Echegaray, José

Dramaturgo neorromántico español (Madrid, 1832 – 1916).

De origen vasco, tras realizar sus primeros estudios en Murcia, siguió en Madrid la carrera de ingeniero de caminos. Luego fue profesor de Cálculo Diferencial en la Escuela hasta 1868, en que entró al servicio del gobierno como director general de Obras Públicas. Seis años después fue ministro de Finanzas y más tarde fundador del Banco de España.

Se dedicó al teatro después de haber cumplido los cuarenta años, tras un corto período de exilio en París.

El éxito de su primera obra, una pequeña comedia de salón titulada El libro talonario (1874), marcó el comienzo de una prolífica carrera, en la que estrenó en rápida sucesión más de setenta piezas. Sus éxitos más memorables de aquella época fueron En el puño de la espada y La última noche (1875), O locura o santidad (1977). En todas ellas el conjunto de elementos dramáticos está subordinado al efectismo del episodio, en el que se revela su cualidad esencial de dramaturgo: la habilidad para inventar y explotar las situaciones teatrales más inverosímiles.

En algunas obras, como El gran galeoto (1881) – muy traducida y representada fuera de España -, Dos fanatismos (1887) y El hijo de Don Juan (1892) – escrita bajo la influencia de Ibsen -, el autor intentó romper con el melodrama y acercarse al drama social de ideas. También cultivó el género costumbrista con cierta intención satírica, como en Mariana (1892), y el drama de honor, en Mancha que limpia (1895).

Miembro de la Academia Española en 1882, compartió el premio Nobel de Literatura en 1904 con Fréderic Mistral, lo que provocó una serie de homenajes de sus admiradores, pero también encarnizados ataques de sus detractores.

A pesar de que llenó con sus obras medio siglo de teatro español, fue el autor que más burlas y desprecios provocó a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Su estrenos levantaban interminables polémicas: mientras el público le aplaudía entusiasmado, la crítica se alzaba indefectiblemente contra él. A pesar de de los críticos, siguió escribiendo hasta su muerte. Su teatro, llamado neorromántico o grandilocuente, se vio perjudicado por una pesada carga retórica y una complicada trama argumental. Pese a haber caído rápidamente en el olvido, surgió en su tiempo como un intento de renovar el teatro español.

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