Jaime I de Aragón, El Conquistador

Rey de Aragón, Valencia y Mallorca, y conde de Barcelona (Montpellier, 1208 – Valencia, 1276).

Hijo de Pedro el Católico y María de Montpellier, Jaime fue separado de su madre y enviado como prenda a Simón de Montpellier, enemigo de su padre, en el período más crítico del problema religioso cátaro. Una ver muerto Pedro el Católico (1213), Jaime I volvió a sus reinos, donde tuvo que soportar el difícil período de la regencia de sus tíos, Sancho y Fernando, entre 1214 y 1225. El joven rey y su esposa Leonor de Castilla fueron humillados por las numerosas rebeliones nobiliarias.

De esta difícil infancia y juventud salió un monarca emprendedor, capaz de dirigir las energías de sus súbditos hacia la expansión del reino. Tras el fracaso de la conquista de Peñíscola (1225), emprendió con éxito la conquista de Mallorca, Menorca e Ibiza entre 1228 y 1235, y después la más costosa de Valencia, realizada entre 1232 y 1248. Jaime I tuvo que dedicar mucho esfuerzo a la colonización de las nuevas tierras musulmanas, ante las insurreciones del moro valenciano al-Azraq.

Mallorca y Valencia fueron convertidas en reinos, políticamente autónomos, pero confederados a la Corona de Aragón. Ambos reinos dispusieron de un gran margen de independencia, sancionada por unos fueros y unas cartas de franquicia propios. La conquista de las últimas plazas valencianas chocó con los intereses de Alfonso el Sabio, heredero de Castilla. Las fricciones se solucionaron con el tratado de Almizra, que en 1244 determinó los límites de las conquistas respectivas.

Jaime I conquistó Murcia, la repobló con gentes catalanas y la entregó a Castilla en 1266. A partir de entonces su fortuna cambió: en 1258 firmó el tratado de Corbeil con el rey francés Luis IX, al que cedía las tierras occitanas. Su intento de cruzada a Tierra Santa también fracasó en 1269. Cinco años después volvió a promover una cruzada en el Concilio de Lyon ante el Papa, pero sin éxito.

Sin embargo, fue en el reparto de su herencia donde su política erró gravemente. Dejó Aragón, Cataluña y Valencia a su hijo Pedro el Grande y Mallorca a su segundo hijo, Jaime, dividiendo así la confederación, hasta que volvió a reunificarse en 1343. Por otra parte, su hijo bastardo Fernando Sanchís lideró una revuelta feudal contra Pedro el Grande que no triunfó. A pesar de todo, su legado político y económico fue de una importancia capital.

Además de sus conquistas, fue el artífice de Llibre del consolat de Mar (Libro del consulado de mar), primer código de leyes marítimas, protegió a los judíos, hizo reformas monetarias, intervino en el movimiento jurídico de su tiempo junto a Raimon de Penyafort y Vidal de Canyelles e introdujo el derecho romano. Asimismo, estructuró instituciones como las Cortes catalanas y el Consejo de Ciento de la ciudad de Barcelona (1274).

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