Biografía de Immanuel Kant

Filósofo alemán (Königsberg, 1724-1804).

Padre del idealismo trascendental (corriente filosófica que prevaleció en Alemania a finales del siglo XVIII y principios del XIX), tuvo una existencia monótona y gris, desprovista de sucesos destacables.

Siempre vivió en su ciudad natal, Königsberg (antigua Prusia Oriental), y nunca viajó al extranjero, aunque mantuvo asidua correspondencia con destacadas figuras intelectuales de su tiempo.

Fue educado en el pietismo, no contrajo matrimonio y sus costumbres se distinguieron siempre por su orden y frugalidad. Simpatizante de las ideas ilustradas que inspiraron la Revolución Francesa, manifestó repetidamente su antimilitarismo; tampoco albergó ningún sentimiento patriótico, pues sus ideas lo inclinaban hacia una entente universal de individuos ilustrados.

Sus principales obras son la Crítica de la razón pura (1781, donde se fijan los límites del conocimiento científico), la Crítica de la razón práctica (1788, que define las características de la acción moral) y la Crítica del juicio (1790, donde examina el concepto de la finalidad en la naturaleza y desarrolla la noción de lo sublime).

La teoría del conocimiento de Kant sintetiza las doctrinas precedentes de Descartes (racionalismo) y Hume (empirismo): existe una realidad exterior (noumeno) que impresiona los sentidos, pero también hay una acción espontánea de la mente que procesa tales impresiones, encuadrándolas en las coordenadas tiempo-espacio, que para Kant son estructuras innatas (a priori) de la sensibilidad humana. El resultado de esta interacción entre realidad exterior y mente son los fenómenos, bases del conocimiento científico, que a su vez son reunidos en categorías (la estructura apriorística del entendimiento) en base a sus similitudes. La metafísica y sus grandes temas (Dios, la libertad y la inmortalidad), puesto que es disciplina sin objeto físico, no puede considerarse una ciencia.

En cuanto a la moral, Kant distingue entre los actos realizados con una finalidad material y aquellos otros cuya finalidad son ellos mismos: los primeros responden a un imperativo hipotético (persiguen una utilidad) y no son morales; los segundos se rigen por un imperativo categórico (la pura racionalidad, el deber ser) y constituyen un acto moral. En ocasiones, advirtió, las conductas morales y no morales pueden coincidir exteriormente; el criterio definitorio es, por tanto, la intencionalidad del acto.

Kant halló la conciliación entre el individuo moral y el mundo exterior en el placer estético, que induce una idea de unidad entre los fenómenos naturales y las emociones del espíritu. A través de una concepción orgánica del mundo. Kant reforzó sus profundas convicciones religiosas.

Comments

So empty here ... leave a comment!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Sidebar