Biografía de Severo Ochoa de Albornoz

Bioquímico español nacionalizado estadounidense en 1956 (Luarca, 1905 – Madrid, 1993).

Cursó sus estudios en Málaga y se doctoró en la Facultad de Medicina de Madrid, en 1929, habiendo tenido como maestros a Negrín, Hernández Guerra, Grande y Jiménez Díaz. Terminada su carrera, marchó a Berlín y Heidelberg, donde se dedicó a estudiar la fisiología y bioquímica muscular, y después pasó a Londres, ampliando allí sus conocimientos sobre química orgánica.

En 1931 fue nombrado profesor de fisiología del Instituto Jiménez Díaz de Madrid. Más tarde, en 1936, se trasladó de nuevo a Heidelberg, donde fue discípulo de Otto Meyerhof, y entre 1937 y 1941 trabajó en Oxford en problemas de bioquímica cerebral.

En 1941 emigró a Estados Unidos, ingresando en 1942 en la Universidad de Washington de Saint Louis, en Nueva York, primero como investigador en el departamento de medicina y después como profesor auxiliar de bioquímica.

En 1946 fue nombrado profesor y director del departamento de farmacología de la mencionada facultad y en 1952 ocupó el mismo cargo en el departamento de bioquímica. En 1975 entró a trabajar en el Instituto Roche de biología molecular de Nutley, Nueva Jersey.

Severo Ochoa de Albornoz
Severo Ochoa de Albornoz

En 1985 regresó definitivamente a España y pasó a dirigir un grupo de investigación en el centro de biología molecular de Madrid. En 1987 ingresó en la Real Academia Nacional de Medicina.

A lo largo de su vida Ochoa se movió por distintos campos de investigación, entre los que se destacan trabajos relacionados con el metabolismo intermedio de los glúcidos, los mecanismos de oxidación del ácido pirúvico en el sistema nervioso central, el papel del complejo vitamínico B en estos ciclos y la estructura bioquímica de la función clorofílica. Pero sin duda su mayor éxito fue la consecución de la síntesis de ARN a partir de los nucleótidos adecuados mediante la acción de la enzima polinuleotido fosforilasa, la cual extrajo de las células de la bacteria Azotobacter vinelandii, que obtuvo de manera accidental en 1955 mientras estudiaba la fosforilación oxidativa. Esta enzima no cataliza la fabricación de ARN en la célula pero se ha utilizado para construir hebras de ARN artificial de composición conocida, lo que ha sido de gran ayuda para aclarar detalles sobre la herencia celular a nivel molecular.

Los trabajos de Ochoa contribuyeron también al descubrimiento de los distintos tripletes de nucleótidos que codifican a los aminoácidos en la síntesis proteica. Ochoa compartió con A. Kolberg, el premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1959, como recompensa a estas investigaciones.

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