Paganini, Niccolò

Compositor y violinista romántico italiano (Génova, 1782 – Niza, 1840).

Poseedor de una depurada técnica violinística, adquirida ya a los trece años en su ciudad natal con Giovanni Costa, fue enviado a Parma por su padre con el propósito de completar su instrucción con maestros de prestigio, como Alessandro Rolla (violín) y Ferdinando Paër (composición).

El de 1797 fue un año determinante para su carrera como virtuoso, pues fue entonces cuando inició una gira concertística que le reportó un éxito singular. Era el comienzo de una trayectoria laureada por los más altos reconocimientos.

Nombrado en Lucca, en 1805, director de la capilla musical de la princesa Bacciochi -hermana de Napoleón-, decidió abandonar la plaza en 1813, fecha importante por cuanto trabó amistad con Gioacchino Rossini, quien le estimuló a seguir componiendo y a emprender nuevas giras, a menudo interrumpidas por su delicada salud.

Casado con la bailarina Antonia Bianchi, tuvo una existencia azarosa, llena de intrigas, lances sentimentales y continuos pleitos, siempre causados por las deudas, cada vez más numerosas.

Si bien en 1820 publicó sus legendarios 24 Caprichos para violín solo, opus 1, editados por Ricordi, el impresor más importante de Italia, el período comprendido entre 1828 y 1834 fue el que determinó su fama, conmocionando los ambientes musicales de toda Europa. En París, tras escucharlo en 1832, el propio Franz Liszt decidió abandonar los conciertos y depurar todavía más su técnica pianística, tal fue el impacto que le causó el músico genovés, que para entonces ya era una figura mítica, que unía a su virtud musical un halo misterioso, avivado por su extraño físico, casi mefistofélico, enjuto y pálido, de larga cabellera y nariz aquilina, con brazos desmesurados y mirada honda.

En 1834 pidió a Héctor Berlioz una obra para viola y orquesta, naciendo así Harold en Italia. Su Constante ir y venir -Prusia, Gran Bretaña, Alemania, Polonia, Italia, Bohemia- y la intensidad de sus conciertos y partituras mellaron su ya precaria salud, sorprendiéndole la muerte en Niza.

A Paganini se le debe sobre todo la evolución técnica del violín, cuyo registro amplió en más de tres octavas. El virtuosismo, reservado hasta entonces al piano, fue también patrimonio del violín y compartió con aquél el trono del romanticismo. Sus Seis conciertos para violín y los 24 Caprichos, así como sus sonatas y variaciones -son memorables las 60 Variaciones sobre el tema <<Baracuba>>-, utilizan innumerables recursos expresivos: abundante staccato, triples y cuádruples cuerdas, armónicos, trinos octavados, scordatura -diferente afinación de las cuerdas para crear efectos-, y pizzicato con ambas manos.

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