Biografía de Safo

Poetisa griega (Lesbos, h. 625 a. C. – h. 580 a. C.). También conocida como Safo de Lesbos o Safo de Mitilene.

Existen pocos datos sobre su vida. Se sabe que fue aristócrata y que vivió la mayor parte de su vida en Lesbos, participando en las luchas políticas de la aristocracia local con ataques al tirano Pítaco y a los demócratas de su partido a través de sus versos. Ello le valió, según las referencias que se encuentran en la Crónica de Paros, el destierro a Sicilia (593 a. C.) durante un período de tiempo no determinado. Cuando regresó a su patria del exilio, creó una escuela literaria, donde se impartieron también enseñanzas de danza, música y gimnasia y a la que acudieron las hijas de las familias más distinguidas para recibir una buena formación.

Se cree que estuvo casada y tuvo una hija llamada Cleis, a la que se refirió con ternura en sus composiciones. Existe una leyenda, que proviene de cómicos de los siglos V y VI a. C., que atribuye a Safo relaciones homosexuales. La tradición (especialmente, Ovidio en las veintiuna cartas ficticias de las Heroidas (20 a. C. – 15 a. C.), escritas por quince heroínas míticas enamoradas y seis amantes ausentes) cuenta que un amor desgraciado la llevó a suicidarse, arrojándose por la roca de Léucada, lo que probablemente es falso pero concordaría con algunos temas desesperados de su obra.

Su poesía fue muy reconocida en la Antigüedad y la citaron numerosos autores. En el período alejandrino (siglos III – II a. C.) aparecieron ediciones de su obra y se llevaron a cabo estudios y comentarios de su poesía. Poetas de la talla de Ovidio, Horacio o Catulo llegaron a imitar y traducir sus versos.

Su producción se ha conservado sólo en las citas tardías y en algunos papiros que se estudiaron modernamente. Compuso nueve libros de poesía, de los que sólo se conservan 650 versos. Además de los Epitalamios (basados en motivos populares de su isla) escribió poemas consagrados al amor, dedicados a las mujeres que vivían con ella; en que describió la pasión amorosa con un detalle extraordinario que llegó, a veces, hasta la descripción de los síntomas físicos; concibió el deseo como algo irracional y la pasión como un sentimiento muy complejo, benigno y maléfico a la vez.

Safo afirmó la importancia de la subjetividad, de la belleza interior de cada ser, en un entorno como el de Lesbos, donde el sector masculino estaba consagrado a la política y a las tareas militares y las mujeres de posiciones altas se entregaban al culto de la belleza del cuerpo y del amor.

También cantó a la naturaleza y compuso epitalamios. Conocedora de la música y de la danza, creó ritmos nuevos, como la llamada estrofa sáfica.

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